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Los cuentos de Ricardo A. Kleine Samson

¿Quién es el viejo Larsen?

El viejo Larsen es un prestigioso anciano. Pero fue un conocido pescador de Monte Hermoso. Aun vive. Hace unos años fue el merecido personaje principal de un programa de cable. Supongo que debe tener 100 años o más. Lo curioso de él no es que haya sido pescador, nadie es curioso por ser peluquero o medico, tampoco lo es por tener tantos años, en ultima instancia tener 100 años asombra aunque no tanto como debería sorprendernos los 25 años, que este siglo, le hemos sumado a nuestro promedio de vida, sin que le demos importancia.

Lo singular de este "VIEJO" es que aun hoy sigue caminando por la misma playa, su cara, flaca y arrugada, lleva una larga y desprolija barba que casi llega hasta el suelo, así y todo camina desafiando al viento costero tomando fuerzas para seguir viviendo, como sí todo el aire fuera de él. Recorre esta playa que antaño fuera su puerto. Me recuerda a un hermoso y cálido libro de José Mauro de Vasconcelos: "Roshina, mi canoa". Poca gente lo reconoce y los que no, lo miran extrañados. Su aspecto singular y sencillo, su manera lenta y sabia de caminar, su mirada profunda como el mar, su vieja y larga barba, todo esto hace de él un curioso ser humano, mas nacido del mar que de la tierra. Quizás cuando camina por la orilla no hace otra cosa que desear quedarse allí, como además siempre lo hizo.

Evocaciones de mi infancia en esa playa lo recuerdan tan intacto como hoy. A la mañana temprano llegaba a la playa y empujaba hasta el mar su bote de madera, que era sólido y pesado. Lo hacia solo y como podía apelando mas a su ingenio que a la fuerza, subía los remos y se internaba en el mar y ya nadie lo veía. No recuerdo la hora en que regresaba a la costa, pero pasaba mucho tiempo en el mar. Todos lo esperaban para comprar pescado fresco, y comúnmente su vote venia lleno. Como todos los chicos que frecuentábamos las tranquilas playas del Monte Hermoso de hace 30/35 años, aguardábamos su llegada. Cuando el bote comenzaba a ser visto era común escuchar a alguien gritar: "Ay viene Larsen…." Y entonces todos corrían a esperarlo, porque además de pescado contaba historias. Mi abuela, Mena Costa, solía comprarle algo, confieso que a pesar del cariño con que cocinaba la corvina y los condimentos con que pretendía disimularla, no fue ni lo es hoy en día mi comida preferida. Mas de una vez he deseado que el viejo Larsen fuese devorado por los tiburones, pero jamas me escucharon por lo que no tuve esa suerte ni él esa desgracia. Aveces creo que se burlaba de mí.

Lo que, por lo menos a mí, mas me llamaba la atención era su humilde manera de entender al mar, comprensión de la cual su visión de la vida era tan amplia. No era pescador porque pescaba, o digamos que pescaba porque entendía al mar. Sentía la brisa y su olor, la forma y la manera de romper las olas, la luna o el sol poniéndose en el mar, el frío o el calor, eran para él indicios de lo que podía pasar. Solo él sabia si entrar o no, sabia traducir las advertencias que el mar o el cielo sugerían. El hombre sabio es prudente y comprende ese idioma del que no es ajeno. Tal vez por eso muy a pesar de las veces con que lo vi entrar al mar "Picado", a nadie se le hubiese ocurrido indicarle: "Vaya con cuidado Don Larsen", hubiese sido una falta de respeto.

No usaba casco, ni cinturón de seguridad, no tenia carnet de timonel ni brújula, su bote no tenia motor ni mucho menos salvavidas, no usaba crema ni protector solar. Solo llevaba agua, un cuchillo y su caña. No desafiaba al peligro porque eso es peligroso, aunque tampoco le temía. Era prudente y por sobre todas las cosas se quería y valoraba con la humildad del que es capaz de comprender y aprender. Tal vez por eso, por comprender el lenguaje de la vida no arriesgo un instante de la suya. Aun hoy, a su edad, se mantiene conectado a la vida y aprende de ella sin necesidad de explicaciones todo cuanto es capaz. Don Larsen es un viejo sin historia, esta forma de vida es más riesgosa que el que arriesga.

Esta pequeña historia, con pretensión de relato, es una excusa que a manera de introducción se me ocurrió.

……..Durante años trabaje de lo que se para diversas compañias petroleras de primer nivel. En los últimos tiempos y con el argumento de mejorar la calidad laboral, estas empresas establecieron normas de seguridad que estrictamente deben cumplir tanto su personal como proveedores. Al respecto asignan partidas presupuestarias, contratan profesionales en la materia, abren departamentos específicos y llevan un control estricto y diario de accidentes, la más mínima raspadura debe ser notificaba y controlada por un medico. El argumento es mejorar la calidad de vida aunque en el fondo el único interés es ahorrar miles de dólares en juicios laborales que solo benefician a inescrupulosos abogados que defienden a empleados que están a la expectativa de quebrarse una pestaña que les permita contraer una incapacidad laboral definitiva y vivir de una pensión el resto de sus días. Conozco muchos casos como estos.

Los especialistas en seguridad industrial, verdaderos profesionales egresados universitarios implementan complejos sistemas de resguardo. Que en algunos casos disfrazan de tal manera a las personas que estas pierden totalmente la forma por las que son identificados como tales. La seguridad industrial establece pautas para todo: como y donde comer, como trabajar y hasta inclusive, aunque parezca ridículo, como ir al baño. Es valido reconocer que se evitan accidentes, hasta inclusive salva vidas. Las pautas de seguridad industrial, indiscutiblemente, son útiles y sirven. Lo que no puedo entender ni me entra en la cabeza es como estas políticas ni quienes las implementan, solo tengan la visión estrecha que su especialidad les dio de la vida. No puedo entender como no son capaces de advertir la forma de vida de quienes son obligados a cumplir sus pautas, la angustia en la que muchos de ellos viven, la capacidad de dar o recibir cariño del ámbito en que viven, no tienen ni idea que calidad de agua consumen o que clase de alimentos comen, ignoran y no les importa si sus hijos van a la escuela y si van no saben como ni en que condiciones. La responsabilidad de estos profesionales, técnicos o empresarios, se limita al ambito y horario laboral.

………Ahora bien, ¿Qué tiene que ver el viejo Larsen con todo esto?…..Bueno, pues, creo que cuando se subía a su bote, sin guantes, ni casco, ni botines de seguridad, ni matafuego, ni anteojos, hacia que todo sus ser se vinculara estrechamente a lo que hacia, liberarse de estos adminículos le obligaban a asumir la responsabilidad de sus decisiones, a escuchar a la vida y responder acertadamente a cada circunstancia. Estoy seguro que esta forma de vivir hizo de él un ser infinitamente dichoso y por sobre todas las cosas un profundo conocedor de sí mismo.

Podrá un casco protegernos de un golpe en la cabeza, un guante de una herida en la mano, pero no dejan de ser simples e irresponsables argumentos para desvincularnos de lo que hacemos. Bajo estas aparentes condiciones de seguridad podemos viajar cada vez más rápido, tranquilos de que el Air –Bag, el cinturón de seguridad, los frenos ABS, la doble tracción o la computadora de abordo, nos garantizaran mínimamente la existencia sin importarnos en absoluto lo que les pueda pasar a los demás. Garantizan nuestro individualismo. Bajo estos escaparates, que sin dudas nos protegen de accidentes, pretenden hacernos vivir en la seguridad de la imprudencia irresponsable, que significa desconocernos a nosotros mismos. El mercado nos cuidara. Perder el contacto directo y concreto con lo que hacemos y tenemos entre manos, que como una antena nos vincula al resto de la vida, es peligroso.

La seguridad industrial es importante, también lo son los bancos y su actividad financiera, al igual que la ciencia y el estudio, capacitarse es fundamental, pero todo deja de serlo cuando ocultando el verdadero interés manifiestan su preocupación por la gente y es lo que menos importa, por eso sus políticas deben imponerse por el miedo, en algunos casos disfrazada de democracia y no existe el mas mínimo interés por el bien común.

Jamas en el bote del viejo Larsen vi una calcomanía que dijera: "El Viejo Larsen trabajando para Ud." o "El pescado mas frasco de Monte Hermoso". No hacia falta, todos sabíamos que era el mejor del mundo.

No puedo menos que reconocer que fue honrado por la vida con una larga y sana existencia, pero así como su vida es un ejemplo no deja de ser una cachetada a nuestra arrogancia profesional.

 

Ricardo A. Kleine Samson

Neuquen, 15 de diciembre de 1999

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