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Los cuentos de Ricardo A. Kleine Samson

Yo tuve uno de esos

Sabe, yo tuve uno de esos. Era igual. Igual, igual……Aunque me parece que el mío era más grande….¿O no?….No, no, era igual. Lo que pasa es que yo era mas chico, porque lo tuve cuando chico. En realidad tuve dos. Y no porque mis padres fueran ricos. Lo que paso es que el primero se rompió. Se me rompió sin querer. El primero me duro una hora. Menos de una hora. Se rompió cuando lo pusimos en marcha. Yo hacia tiempo que quería uno…..Bueno, ¿quién no lo quería?. ¿Qué chico no quería uno?….El sueño del pibe…. Yo se lo había pedido a mis padres, pero lo pedí por pedir, nunca me imagine que me lo iban a comprar. Y una noche de navidad del año 71, yo tenia 10 años, ¿10 u 11…?. No me acuerdo bien, pero me parece que tenia 10…..o 11. Bueno no importa……Esa noche de navidad…..11, 11 tenia, ahora me acuerdo. 11 años, claro si nací en el 58. Estabamos todos en la casa de mi tío Ricardo. Eramos muchos. Estaban mis primos, mis tíos y tías, mi abuela materna, la mamá de mi tío, y un matrimonio amigo de unos parientes de la cuñada de mi abuela paterna que recien habían llegado de Oslo……Oslo queda en Dinamarca. Cuando entra a Dinamarca haceeee….uuna….doos cuadras y una a la derecha, ahí esta Oslo, frente a una capilla. Lo curioso es que ellos ya habían festejado la navidad en su casa por el tema de la diferencia horaria vio. Ya venían medios borrachos por la navidad Osleña y ahora iban a festejar acá, imagínese como termino esa gente, colorados estaban….Mi abuela paterna no estaba, se había olvidado de ir. En realidad se confundió de fecha y fue una semana después para año nuevo, pobre vieja. El tema es que éramos un montón. Cuando llego la hora de los regalos -alrededor del árbol- había muchisimos paquetes re-lindos, pero había uno que todos lo mirábamos. Era inmenso. Parecía un regalo importante, tenia un moño enorme. Nos preguntábamos "¿Para quién seria?….¿Qué habría adentro"?. Estabamos seguros que era para algún grande. Así que mis padres y algunos tíos empezaron a repartir regalos. Llamaban a uno y a otros. Yo ya había ligado un traje de Superman que me quedaba chico, era tres talles menos, la capa parecía una servilleta de chiquita que era, pero mi padrino, que también había ido con su familia, me dijo que lo podía cambiar y también ligué un juego de ajedrez, me vino bien porque no sabia jugar. Tampoco aprendí, hoy no sé jugar, es difícil el ajedrez hay que pensar mucho. De repente mi tía Coca agarro el regalo grande, todos nos quedamos mirando para ver quien lo ligaba, se hizo un silencio absoluto y leyó el cartelito con el nombre de quien correspondía y dijo mirando a mi tío: "Ricardo, este es para vos"….Yo me había esperanzado que fuera para mi, pero era para mi tío Ricardo. En eso se levanta mi papá, que estaba abriendo sus regalos, y le dice a mi tía Coca: "No Coca, ese es para Ricardo Alfredo, no es para tu cuñado. Lo compramos para nuestro hijo". Mi tía le pidió disculpas. Me lo entrego y me dio su tercer beso de feliz navidad. Mi tío Ricardo me miro con un poco de recelo. Yo apenas lo podía mover, era pesadisimo. Mis primos me miraban y no lo podían creer. Enseguida me rodearon y me ayudaron a abrirlo. No se imagina la felicidad que me agarro cuando rompimos el papel y vi lo que era. Saltaba de alegría. No lo podía creer, estaba muy emocionado, mis primos saltaban de la alegría, me abrazaban y felicitaban. Y bueno era uno de esos, igual que el suyo. En aquel momento no lo tenia nadie, ahora lo tiene todo el mundo. Solo se veía en las películas. Y no en todas, en algunas se veía. Sobretodo en las Alemanas, que eran un embole, pero con tal de verlo nos tragábamos toda la película. A mis viejo les prometí de todo, que iba a estudiar, que me iba a portar bien, que no iba a robar, que no iba a matar……De chico ara muy matador….. Que se yo, ya ni me acuerdo, les prometí tantas cosas. Ellos estaban tan contentos, me veían disfrutar y se podian contentos. No me olvido nunca de ese día. Mis tíos también me felicitaban, me decían: "Ricardito, que orgullo. Que buen regalo"…Y todas esas cosas que siempre te dicen. Le pedí permiso a papá para ir a probarlo a la vereda, así que fuimos con mis primos. En la calle estaban todos los chicos del barrio jugando con los regalos que les había traído Papá Noel. Cuando me vieron llegar no se imagina el despelote que arme. Alborote a todo el mundo. Todos dejaron sus cosas y se me acercaron. Eran amigos de mis primos, asi que bueno nos pusimos a armarlo para probarlo. Antes venían con una plataforma. Así que primero la armamos. Ahora no vienen con plataforma, porque tiene manija enlozada, pero antes no la tenían así que había que armarla por separado. Cuando terminamos lo pusimos en marcha, va, quisimos ponerlo en marcha, ahí fue cuando se rompió. Yo no sabia bien como era el tema, lo que sabia lo había visto en las películas. Me manejaba mas por intuición. Así que subí la palanca del desempañador hasta el punto de cocción. Desconecte el pedal del talón y aquiles le levante la tapa de los comandos para liberar al rehén. La puse en el comando 2 para darle arranque y la di una palmaditas en la pantalla para que se despabile, despacio porque todavía estaba fría. Antes de arrancar le formatie el disco en marcha lenta para despejar el resorte del nebulizador. Ya estaba casi todo listo y uno de los chicos me hizo acordar del glúteo ajeno. Menos mal que se dio cuenta, así que sin perder tiempo le hice germinar el olmo con un curso a distancia que ya venia con el aparato. Cuando ya estaba todo listo para partir nos dispusimos a subir…Eramossss,….con mis primos éramos 9. Los chicos de la cuadra serian…..mas o menos, no me acuerdo bien, entre 32 y 37, porque habían uno que no quería subir, la mamá no lo dejaba. También querían venir algunos padres. Padres habría, que se yo, tampoco me acuerdo bien, pero serian unos 15 o 18, mas o menos. Mire, en total seriamos, para no exagerar, porque hace muchos años de esto, seriamos mas de 52 y menos de 96. No éramos muchos, podían entrar unos 60 o 76 mas. Pero bueno subimos los que estabamos. Además era una noche preciosa para navegar, hacia días que no llovía y estaba todo sequito, ni una gota de agua, ni siquiera vapor, ni leche condensada. Lo único que vimos, y no muy claro porque era muy de noche, fue un cotiledón, pero no era importante, al menos no nos molestaba. Los cotiledones no son peligrosos y menos de noche porque se asustan y se van. Estaba lindisimo, realmente lindo. No estaba feo. Bueno ya estabamos todos arriba, algunos iban parados, otros sentados, acostados, en cuclillas, levitando en posición de yogui, otros en una posición algo extraña porque no iban ni parados ni sentados ni acostados. Algunos no iban. Subimos la escafandra, presurizamos el ombligo e inmediatamente nos desembarazamos completamente. Cuando todo estaba listo, cuando lo único que faltaba era bajar el trilote. No voy y aprieto mal la solapa del ABS. ¡Para que!. No le puedo contar. Salto el resorte administrativo de la línea de flotación y le engancho el bronce al rotor blanco……..¡No le puedo contar!….No le puedo contar. Se rompió el estabilizador horizontal, se salió de su lugar y ya no hubo forma de volverlo a colocar. Mire que lo intentamos. Pero no se podía, era imposible. Ya se había roto. Estaba partido, destruido. Y vio como es esto, sin estabilizador no andan estas cosas. El estabilizador es lo más importante. Uno de los chicos dijo que en una película había visto que cuando se rompe el estabilizador ya no andan más…….Y bueno, ahí nos quedamos todos mirándonos. No lo podíamos creer. Tantas ilusiones. Tanta alegría. Yo me puse a llorar. Lloraba y lloraba desconsolado. La gente me miraba, me abrazaba. Trataba de contenerme. Enseguida nos pusimos a rezar. Eso nos ayudo mucho. Cuando pasan estas cosas hay que rezar mucho y con ganas. Orar hace bien, yo siempre oro. Oro a la mañana, oro a la tarde y oro a la noche, y ahora empece a orar a la madrugada, hay menos interferencia. Uno de mis primos llamo a mi papá por el celular. Papá bajo enseguida. Me miro, vio como estaba todo y se dio cuenta enseguida lo que pasaba. Cariñoso como era se acerco, me abrazo y me dijo: " No llores. No llores más. No te preocupes. Después te compro otro".

 

 

Ricardo A. Kleine Samson

Neuquen, 21 de octubre de 2001

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